En la panadería Todo mejor con dulce de leche, doña Torta Chocolatada era la más famosa. Todos la admiraban por su vestido cremoso y perfumado a vainilla y ella se sentía muy orgullosa de sus cerezas en almíbar. Don Budín de Miel, en cambio, tenía bajo perfil y no sobresalía para nada.
Pero don Budín de Miel era un artista organizando fiestas. Cuando anochecía y Luciana cerraba la panadería, los budines avisaban a todos los demás que habría festejo y preparaban el baile.
En primer lugar se armaba la banda musical: la guitarra, el piano, el bajo, la batería y el saxo quedaban en manos de un conjunto de budines almendrados.
Y cuando la música empezaba a sonar todos salían a bailar. Doña Torta chocolatada con don Tiramisú; las masitas en ronda con los bombones de fruta, las tartas con los panqueques.
¡Y cómo se divertían! Tocaban música muy alegre y también cantaban hasta el amanecer. Pero el momento culminante era cuando don Budín de Miel invitaba a doña Torta Chocolatada a bailar un tango. Todos quedaban maravillados de las figuras de los dos bailarines.
Y cuando llegaban los maestros pasteleros a trabajar al día siguiente se sorprendían del desorden de la panadería y se preguntaban:
- ¿De dónde salió esta masita de nuez?
- ¿Pepito, te olvidaste de guardar las tartas de manzana en la heladera?
- ¿y estos panqueques de dulce de leche fuera de la vitrina?...
Todos los postres y dulces permanecían en silencio porque estaban con mucho sueño y ya querían descansar.
La panadería abría sus puertas y comenzaba la venta.
La gente no sabía por qué al morder una tarta de frutas tropicales les daba ganas de bailar una cumbia; al probar una masita de coco, querían bailar una rumba y si llegaban a comer empanadillas de batata, les venía unas ganas tremendas de bailar una zamba.
Llegados a este punto, les pregunto mis queridos lectores: cuando ustedes prueban torta de chocolate ¿sienten también ganas de bailar?
Mientras tanto, y si quieren probar, les digo cómo prepara Luciana el budín de miel:
En un bol pone media taza de miel de los monjes benedictinos del Siambón, (puede ser otra miel o el elixir de limón) una taza de azúcar, tres huevos, ¼ taza de aceite de oliva, ¼ de taza de té de frutos rojos, 2 ½ tazas de harina leudante, nueces a gusto, una cucharada de especies molidas (canela, vainilla, clavo de olor, pimienta de Jamaica… y ustedes vean qué hay en la alacena de la cocina…)
Se mezcla todo, se pone en un molde de budín y se lleva a horno suave unos 50 minutos. Se sirve frío para acompañar la leche chocolatada, o un buen mate cocido!
Y si al día siguiente encuentran la cocina desordenada, será que Don Budín de Miel ha organizado otro baile…!
Hola Tati!!
ResponderEliminarCuánta imaginación desborda en este cuento que me hizo querer ir a la panadería de la esquina, me encantó y voy a probar la receta que seguramente la voy a disfrutar. Te mando un abrazo y te felicito por tan lindo blog. Besosss