sábado, 29 de enero de 2011

Los anteojos mágicos

¡Sí, señoras y señores! Estos eran unos anteojos mágicos que permitían ver los deseos de las personas.
Emilia los había encontrado cuando abrió un cajón secreto en el ropero de la abuela. Estaban en una caja con un abanico, unos guantes de seda, un collar de cuentas de colores y un reloj de bolsillo.
¿Cómo eran? Les cuento inmediatamente. Eran unos anteojos color arcoiris. Y según el día predominaba un color diferente.
Los días fríos, fríos de invierno crudo y helado, los anteojos parecían grises. Los días calurosos de verano tenían color naranja. Los días tristes, se ponían celeste-paliduchos. Los días alegres tenían el color de las mariposas.
Emilia se los puso.
Ese día era un día muy particular. Era el día en que llegaban los Reyes Magos y por eso los anteojos tenían el color de las estrellas.
-¡Qué bueno!-  Pensó Emilia – ahora voy a descubrir los deseos de todos los chicos del barrio!... y de los grandes también!
Miró a su primo Nazareno y vio un triciclo rojo. Miró a su primito Alejo y vio una bicicleta. Miró a la vecinita Ana y vio un libro de hadas.
-Estos anteojos están muy buenos- se dijo – ahora voy a preparar una carta a los Reyes Magos y les voy a pedir lo que cada uno quiere.
Siguió mirando por todo el barrio a grandes y chicos y escribió finalmente la carta que decía así, con letra muy bonita y  escrita con un lápiz dorado:

                                               Tafí Viejo, 5 de enero de 2011

Queridos Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltasar:
Ya que ustedes llegan mañana les pido que dejen para mi primo Nazareno un triciclo rojo, para Alejo, una bicicleta con timbre; para mi vecinita Ana un libro de cuentos de Hadas.
Mi abuela desea muchísimo una maceta con un malvón y mi tío Pepe una caja de acuarelas.
Mi papá ha pensado cuánto le gustaría un perro salchicha y mi mamá unas sandalias color de mar.
También he visto con mis anteojos mágicos que los niños desean mucha paz, y un mundo feliz. Espero que traigan, entonces, ¡mucha, mucha paz y muchas sonrisas  de felicidad!
Terminada la carta, Emilia firmó con su nombre en letras mayúsculas: EMILIA
Dibujó a los tres Reyes Magos y un corazón rojo sonriente.
Puso la carta en un sobre, lo cerró muy bien y lo puso en la estrella más alta del arbolito.
¿Se dieron cuenta de una cosa? Emilia no había pedido nada para sí misma.
Cuando los reyes abrieron su carta, leyeron, releyeron y volvieron a leer, no encontraron lo que ella quería.
Entonces resolvieron  que podían dejarle uno de estos tres regalos:
a-     Una caja grande, grande, grande de chocolates, chupetines y caramelos de fruta.
b-    Una planta mágica con flores distintas en cada rama: un jazmín blanco para comprender siempre a los demás, una margarita para transmitir alegría, una rosa roja para ser valiente y una violeta para ser humilde.
c-     Un conejo blanco de peluche, saltarín e inquieto, para jugar con ella en el jardín.
Y a vos… ¿Qué regalo te parece mejor? ¿Cuál le harías vos?